Hace mucho que no escribo, la verdad no sé si alguien leerá esto pero me hace sentir bien escribir y escribir lo que siento, lo que pienso y más.
Este 28 y 29 de julio pensaba pasarla en mi casa, tranquila, viendo el desfile, comiendo algunos platos peruanisimos, pero no, el 28 me levanté y mi papá me dijo: Carla! vamos a Lunahuaná, en ese momento me dio la flojera del mundo pero bueno terminó siendo un viaje muy lindo, desestresante y feliz.
Me había olvidado lo bueno y reconfortante que es estar lejos de la ciudad, de las combis, del olor a cigarro, perfumes y todas las cosas que distraen nuestra frágil mente y no nos dejan ver las cosas más bellas y gratificantes de esta vida.
Me había olvidado también de lo imprescindible que pueden resultar las cosas que normalmente me resultan necesarias. De lo rico que es estar en el campo comiendo con las manos. De lo increíble que se siente estar lejos, no te importa nada te olvidas de todo y todos.
De pronto también recordando que este pequeño viaje es por fiestas patrias estuve viendo un poquitito de nuestro país en la carretera, cuando pasábamos por las distintas localidades y finalmente en Lunahuaná, en el día con un cielo clarísimo, un clima cálido, y un viento riquísimo que te refrescaba. Y por las noches un cielo estrellado que te hace admirarlo, comparándolo con el de la ciudad, un frío horrible que hace que estar juntos sea necesario y un bello silencio que te hace querer descansar.
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